El pasado invierno, además de vivir mi tercera paternidad, acompañé a Sole durante la lactancia de nuestra pequeña Marta. Cada hijo que hemos traido al mundo ha supuesto unos kilitos de más para mi cuerpo serrano, además de los kilos de orgullo que te supone la paternidad. Yo suelo decir que soy un gordito solidario, puesto que aprovechando el hambre voraz de la mamá lactante y preparando cenas para ella, pues no iba a dejar que comiera sola.
El caso es que año tras año la recomendación de los médicos en mi revisión médica siempre era la misma: "debe usted perder peso", y yo realmente no había puesto mucha intención en esto, pensando que tampoco era grave.
El año pasado empecé, obligado por mi cuñao, a salir algunas veces a sudar la camiseta, a jadear por la calle, y a dejar los higadillos en cada zancada; yo siempre he sido el gordito desde pequeño, mis hermanos son sacos de fibra, y yo siempre he sido el que jugaba de portero, el que prefería leer en la playa, y en pocas palabras, el que prefería reposar la siesta a ir a nadar a la piscina. En conclusión, mi forma física era una auténtica pena.
Hace unos años, me propuse perder unos kilos y lo conseguí, para ello apliqué "a pelo" (sin seguimiento médico ni nada) el método Montignac (la dieta disociada); mi experiencia fue buena y me encontraba perfectamente, pero la relajación asociada a la primera fase de pérdida produjo el inevitable efecto rebote que me supuso recuperar el peso perdido.
He procurado informarme, conocer métodos de adelgazamiento, y saber qué debe uno comer para que la dieta sea lo más equilibrada posible, así que cuando he cenado una pizza picando unas patatas fritas y acompañándolo todo con un tintito de verano, sabía que lo hacía mal, y que eso me engordaba.
La Dieta Dukan, ahora tan de moda, también ha sido objeto de mi interés, así que me decidí a leer el libro que tan buenos beneficios está reportando a su autor, y me llevé la sorpresa cuando descubrí que una buena parte del mismo se dedica a exponer la importancia del cambio del chip sedentario. Según el autor, lo que verdaderamente asegura el éxito de la dieta es fijar como rutina la práctica del ejercicio físico (el establece un mínimo de una caminata a buen ritmo durante una hora).
A todos los ingredientes anteriores le sumamos la alarma que recibí el pasado mes de mayo, yo no era de mucho pesarme, por eso de "ojos que no ven....", pero un día de mayo lo hice y me enfrenté a la siguiente cifra 105 kg, una barbaridad para mi 1,74 m de altura, así que me hice la siguiente propuesta: tenía que cambiar el ritmo.
Empecé saliendo a correr por las tardes/noches, pero descubrí que mi vaguete interior buscaba fácilmente excusas para no ir a correr (un día tenía que preparar la comida del día siguiente, otro día llegaba tarde por una reunión, etc...), así que aprovechando el final de curso y que no tenía que llevar a los peques al cole, empecé a visitar el gimnasio antes de ir a currar.
Me he pasado casi todo el verano luchando contra la cinta, y bajando mis tiempos medios por kilómetro, como al principio mi fondo no era bueno, combinaba mi entrenamiento entre cinta y elíptica, subiendo el tiempo de cinta progresivamente.
Ahora ha empezado el cole y he tenido que ajustar el tipo de entrenamiento, así que madrugo más y salgo a la calle a correr, que es mucho más divertido que correr con la cinta (puesto que la tentación de parar está ahí desde el kilómetro uno).
Sobre la alimentación lo que sí estoy aprendiendo (a cascoporro) es lo que no tengo que cenar para poder hacer ejercicio al día siguiente, si ceno mucha cantidad o tomo alcohol (aunque sea cerveza), al día siguiente voy corriendo como un pato mareado, sufriendo cada zancada. Lo que mejor me va es cenar temprano y suave, estoy mucho más ligero por la mañana y no tengo "sorpresas" intestinales. Para el resto de comidas del día estoy intentando ser prudente, evito las salsas, he reducido la cantidad de las raciones, y nada más, o sea que como lo que comemos en casa, que procuramos sea variado, puesto que es lo mejor para los niños.
Actualmente estoy corriendo entre 7 y 8 kilómetros por la mañanas, haciendo una tirada larga los sábados y descansando los domingos. Algunos días hago también abdominales, porque el flotador de la tripa es el que lleva más tiempo conmigo.
Mis tiempos han mejorado sustancialmente, cuando empecé a correr (sin constancia) daba una vuelta al circuito del Tablero de Córdoba, que tiene dos kilómetros en 15 minutos, ahora mismo estoy corriendo a 5'30" el kilómetro, lo que significa que he rebajado en 2 minutos mi tiempo de paso, aún habiendo aumentado la distancia de la carrera.
Lo importante, según dicen todos los runners que han sido gorditos como yo, es ser constante para no perder el ritmo, y fijar objetivos alcanzables para no desmotivarse.
Se puede empezar con correr dos kilómetros, y caminar otros dos, y progresivamente aumentar, 3 kilómetros corriendo y uno andando, etc. No importa el ritmo, hay que ir al ritmo que te permita terminar, porque la mejora del tiempo viene sola. Cuando está uno cómodo con una distancia/tiempo, hay que ir aumentando el objetivo.
Lo bueno de correr en Córdoba es que los circuitos que te puedes plantear son prácticamente llanos, así que lo único que necesitas es un portabotellas y agua fresquita (yo uso el que venden en Decathlon).
Hasta la fecha he perdido más de 11 kilos y el dolor de espalda que tenía, y la ropa que antes tenía ajustada ahora me está amplia.
Hace poco leí una entrada en un blog titulada "El gordito que corrió 1000 kilómetros" (publicado en www.yorokobu.es), yo no he llegado a esa cifra, pero sí he vivido y estoy viviendo muchos de los episodios descritos, así que si os animáis podéis leer la crónica de otro gordito y me contáis. Yo seguiré abriendo las calles por la mañana (porque empiezo a correr a eso de las 6), y ya os contaré como me va la pérdida de peso, y la lucha contra el frío en invierno. Y cuando alcance los 15 kilos perdidos voy a ver si os enseño fotos de antes y después, a ver que os parecen.
El año pasado empecé, obligado por mi cuñao, a salir algunas veces a sudar la camiseta, a jadear por la calle, y a dejar los higadillos en cada zancada; yo siempre he sido el gordito desde pequeño, mis hermanos son sacos de fibra, y yo siempre he sido el que jugaba de portero, el que prefería leer en la playa, y en pocas palabras, el que prefería reposar la siesta a ir a nadar a la piscina. En conclusión, mi forma física era una auténtica pena.
Hace unos años, me propuse perder unos kilos y lo conseguí, para ello apliqué "a pelo" (sin seguimiento médico ni nada) el método Montignac (la dieta disociada); mi experiencia fue buena y me encontraba perfectamente, pero la relajación asociada a la primera fase de pérdida produjo el inevitable efecto rebote que me supuso recuperar el peso perdido.
He procurado informarme, conocer métodos de adelgazamiento, y saber qué debe uno comer para que la dieta sea lo más equilibrada posible, así que cuando he cenado una pizza picando unas patatas fritas y acompañándolo todo con un tintito de verano, sabía que lo hacía mal, y que eso me engordaba.
La Dieta Dukan, ahora tan de moda, también ha sido objeto de mi interés, así que me decidí a leer el libro que tan buenos beneficios está reportando a su autor, y me llevé la sorpresa cuando descubrí que una buena parte del mismo se dedica a exponer la importancia del cambio del chip sedentario. Según el autor, lo que verdaderamente asegura el éxito de la dieta es fijar como rutina la práctica del ejercicio físico (el establece un mínimo de una caminata a buen ritmo durante una hora).
A todos los ingredientes anteriores le sumamos la alarma que recibí el pasado mes de mayo, yo no era de mucho pesarme, por eso de "ojos que no ven....", pero un día de mayo lo hice y me enfrenté a la siguiente cifra 105 kg, una barbaridad para mi 1,74 m de altura, así que me hice la siguiente propuesta: tenía que cambiar el ritmo.
Empecé saliendo a correr por las tardes/noches, pero descubrí que mi vaguete interior buscaba fácilmente excusas para no ir a correr (un día tenía que preparar la comida del día siguiente, otro día llegaba tarde por una reunión, etc...), así que aprovechando el final de curso y que no tenía que llevar a los peques al cole, empecé a visitar el gimnasio antes de ir a currar.
Me he pasado casi todo el verano luchando contra la cinta, y bajando mis tiempos medios por kilómetro, como al principio mi fondo no era bueno, combinaba mi entrenamiento entre cinta y elíptica, subiendo el tiempo de cinta progresivamente.
Ahora ha empezado el cole y he tenido que ajustar el tipo de entrenamiento, así que madrugo más y salgo a la calle a correr, que es mucho más divertido que correr con la cinta (puesto que la tentación de parar está ahí desde el kilómetro uno).
Sobre la alimentación lo que sí estoy aprendiendo (a cascoporro) es lo que no tengo que cenar para poder hacer ejercicio al día siguiente, si ceno mucha cantidad o tomo alcohol (aunque sea cerveza), al día siguiente voy corriendo como un pato mareado, sufriendo cada zancada. Lo que mejor me va es cenar temprano y suave, estoy mucho más ligero por la mañana y no tengo "sorpresas" intestinales. Para el resto de comidas del día estoy intentando ser prudente, evito las salsas, he reducido la cantidad de las raciones, y nada más, o sea que como lo que comemos en casa, que procuramos sea variado, puesto que es lo mejor para los niños.
Actualmente estoy corriendo entre 7 y 8 kilómetros por la mañanas, haciendo una tirada larga los sábados y descansando los domingos. Algunos días hago también abdominales, porque el flotador de la tripa es el que lleva más tiempo conmigo.
Mis tiempos han mejorado sustancialmente, cuando empecé a correr (sin constancia) daba una vuelta al circuito del Tablero de Córdoba, que tiene dos kilómetros en 15 minutos, ahora mismo estoy corriendo a 5'30" el kilómetro, lo que significa que he rebajado en 2 minutos mi tiempo de paso, aún habiendo aumentado la distancia de la carrera.
Lo importante, según dicen todos los runners que han sido gorditos como yo, es ser constante para no perder el ritmo, y fijar objetivos alcanzables para no desmotivarse.
Se puede empezar con correr dos kilómetros, y caminar otros dos, y progresivamente aumentar, 3 kilómetros corriendo y uno andando, etc. No importa el ritmo, hay que ir al ritmo que te permita terminar, porque la mejora del tiempo viene sola. Cuando está uno cómodo con una distancia/tiempo, hay que ir aumentando el objetivo.
Lo bueno de correr en Córdoba es que los circuitos que te puedes plantear son prácticamente llanos, así que lo único que necesitas es un portabotellas y agua fresquita (yo uso el que venden en Decathlon).
Hasta la fecha he perdido más de 11 kilos y el dolor de espalda que tenía, y la ropa que antes tenía ajustada ahora me está amplia.
Hace poco leí una entrada en un blog titulada "El gordito que corrió 1000 kilómetros" (publicado en www.yorokobu.es), yo no he llegado a esa cifra, pero sí he vivido y estoy viviendo muchos de los episodios descritos, así que si os animáis podéis leer la crónica de otro gordito y me contáis. Yo seguiré abriendo las calles por la mañana (porque empiezo a correr a eso de las 6), y ya os contaré como me va la pérdida de peso, y la lucha contra el frío en invierno. Y cuando alcance los 15 kilos perdidos voy a ver si os enseño fotos de antes y después, a ver que os parecen.
Pues mucho animo. Yo he perdido 8 con la Dukan y sin ejercicio, pero tengo que seguir tu ejemplo para que sea algo duradero. Mucho animo! Ex-gordito!
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